Las tristes notas de un piano se escuchaban de fondo. Sentada en la barra de un bar cualquiera. Aquella fría cerveza no apaciguaba mi sed, en cambio esas notas parecían transcribir cada emoción de mi pobre corazón. Mi alma inquieta, no ha encontrado la paz desde que tus labios besaron los míos por última vez. Desde aquella maldita mañana en la que me arrancaron de tu lado, obligándome a despertar del más dulce de los sueños.
Mis ojos necesitan volver a perderse en los tuyos para la eternidad, sin que nada más importe que estar ahí en esos parajes que me conducen a la inmensidad encerrada en ellos.
La niña tan despierta en mí siempre, ahora yace dormida. Se niega a despertar hasta que tus labios la besen de nuevo, hasta que tus manos acaricien su piel, hasta que de nuevo la hagas sonreír. Hasta que tu mirada calme la sed de mi espíritu, encendiendo de nuevo la llama de ansiedad producida por la necesidad de no apartarme de ti.
Pero tú ya no me quieres…
Deambularé por el desierto de haberte tenido unas horas y haberte perdido. Sé que realmente no te tuve, pero déjame engañarme, deja que al menos me crea que eso fue verdad. Déjame pensar y creerme cada palabra tuya, cada caricia, cada beso, cada susurro.
Lo sé, lo sé, unas horas no pueden hacer que mi alma añore a alguien, pero ella es así. Le cuesta sentir, pero cuando lo hace con la suficiente intensidad para amar toda una vida, para cuidar de esa persona en cada aliento, en cada pálpito, en cada sueño, en cada sonrisa, con sumo cuidado.
Ahora todo mi ser llora, porque en el fondo sabe que todo fue una mentira, que no quieres volver a besarme, a sentirme, a tocarme, a acariciarme, a hacerme sonreír, … Ella no comprende de juegos, ella no comprende estas cosas, y yo tampoco.
lunes, 7 de diciembre de 2009
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