Sinceramente, creia en el amor, pensé que mi corazón herido de muerte encarcelado por decisión propia en una prisión de ausencia de sentimientos, estaría a salvo. Creyó que era lo mejor, no sentiría amor, pero tampoco dolor, tal vez una vez curado de sus múltiples heridas se sentiría capacitado para volver de nuevo a la vida. Al cabo de un tiempo más que prudencial quiso deshacerse de tanto hielo, de tanta muerte, de la nada. Simplemente no pudo liberarse.
Durante años, muchos intentaron romper aquella prisión que él mismo construyó para protegerse, nadie consiguió ni siquiera hacer un pequeño rasguño.
Aquel corazón encarcelado pasó por múltiples fases, esfuerzo, lucha, desilusión, y finalmente se rindió ante la evidencia de no poder volver a sentir jamás. Nadie pudo ni siquiera hacerle vibrar lo más mínimo, se había convertido en un simple músculo.
Fue entonces cuando… apareciste tú. Una simple mirada tuya convirtió tanto hielo en simple agua bajo mis pies.
¿Qué miras? Me preguntas. Nada, a ti. Cuando realmente debería decir, estoy perdiéndome en tu mirada. En esos instantes, es lo único que me importa es perderme en la inmensidad de tus ojos, contemplándolos únicamente. Sin un solo pensamiento más. Sin más distracciones que las vibraciones de la música que emana de tus labios. Ellas que son capaces de convertir ese simple músculo en el que mi corazón se convirtió durante años en un ser vivo, que de nuevo al menos vuelve a tener esperanza.
El vacío que ha dejado la ausencia de tu piel en la mía. El desasosiego de mi alma, que no ha vuelto a oír tu voz. Mi mirada triste al pensar tan sólo en que jamás volverán a contemplarte. Mi corazón herido, pronto, menos mal, demasiado pronto para estar herido de muerte. Pero herido al fin y cabo, aquel sentimiento de esperanza que pensó que jamás volvería a sentir se ha convertido desilusión. Se siente engañado de nuevo.
Sácame de esta locura paranoica que me produce mi soledad, esa compañera que me ha acompañado durante años, que nunca me había molestado hasta ahora.
Ahora es como una daga clavada profundamente en lo más hondo de mi ser...
Ahora sé que el amor, no está hecho para mí. Que me rechazará una y otra vez.
No sé que me duele más, si tu silencio o el hecho de haberme creido que podría de nuevo amar y ser correspondida.
Hoy con mis ojos hinchados de tanto llorar, sé que aquellas horas que me regalaste fueron mentira. Sólo me queda una pregunta. ¿Por qué?
Para mí nunca fue un juego, ni es divertido, al contrario.
lunes, 7 de diciembre de 2009
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